Los tejos milenarios de Asturias: guardianes sagrados junto a las iglesias
El árbol que ya era viejo cuando se levantó la iglesia
En decenas de pueblos asturianos la estampa se repite: una iglesia o una ermita rural y, pegado a ella, un tejo oscuro y enorme que parece llevar allí desde siempre. Muchas veces es al revés de lo que parece: primero fue el árbol. El tejo (Taxus baccata, texu en asturiano) era un árbol sagrado para los pueblos antiguos del norte, y la tradición dice que los primeros templos cristianos se levantaron junto a los tejos que ya eran lugar de reunión y de culto, para aprovechar aquella sacralidad en vez de combatirla.
Un árbol entre la vida y la muerte
Pocas especies cargan un simbolismo tan contradictorio. El tejo es perenne y extraordinariamente longevo: crece despacio, su copa permanece verde todo el año y puede vivir muchos siglos, por lo que parecía casi inmortal y se convirtió en símbolo de la vida que perdura. Pero al mismo tiempo es un árbol venenoso: todas sus partes, salvo la pulpa roja que envuelve la semilla, contienen taxina, un alcaloide tóxico. Los autores clásicos ya contaban que astures y cántabros recurrían a ese veneno antes que rendirse, y esa fama lo ligó para siempre al mundo de los muertos.
De esa doble condición nacen costumbres que han llegado hasta época reciente: llevar una rama de tejo a los difuntos el día de Todos los Santos para guiarles en su retorno, celebrar el concejo abierto —la asamblea vecinal que resolvía los asuntos del pueblo— a la sombra del tejo de la plaza, o que las mozas lanzaran frutos de tejo a los mozos al salir de la romería, origen popular que se atribuye a la expresión «tirar los tejos». Las fichas oficiales lo resumen con prudencia: de todo aquel pasado mágico poco se sabe con certeza, pero la pareja iglesia-tejo sigue en pie por toda Asturias.
Bermiego: el Teixu l’Iglesia
El ejemplar más famoso está en Bermiego, en el concejo de Quirós, plantado en la falda occidental de la sierra del Aramo, dentro del recinto de la iglesia de Santa María. El pueblo lo conoce como Teixu l’Iglesia y está considerado uno de los tejos más ancianos de Asturias y de Europa: su edad exacta se desconoce, a falta de estudios que puedan contrastarla, pero se estima que puede superar el millar de años.
Sus dimensiones son las de un monumento: unos 13 metros de altura, una copa de 15 metros de diámetro y un tronco de entre 6,5 y 7 metros de perímetro, de forma casi perfecta. Fue declarado Monumento Natural el 27 de abril de 1995. Como sus raíces son muy sensibles a la compactación del suelo, el perímetro bajo su copa está protegido para que las visitas no lo dañen: se mira, se fotografía y no se toca. La tradición local añade un detalle evocador: por las cercanías de Bermiego pasaron, según la leyenda, las reliquias del Arca Santa en su camino hacia la catedral de Oviedo.

El tejo de Bermiego (Quirós), conocido como Teixu l’Iglesia, junto al recinto de la iglesia de Santa María. Foto: Wikimedia Commons / Elfo del bosque (CC BY-SA 3.0)
Allande: la ruta de los teixos
El concejo de Allande guarda dos de los grandes tejos monumentales asturianos, unidos por la llamada Ruta de los Teixos. El de Santa Coloma crece junto a la iglesia parroquial, levantada en 1785 sobre otra anterior del siglo XIV. Mide 14,5 metros de altura, 12 de envergadura y 6 de perímetro, y también fue declarado Monumento Natural el 27 de abril de 1995. En realidad son dos tejos: el mayor, frente al templo, tiene pegado al tronco un altar de piedra donde se exponía el Santísimo el día del Corpus, señal de hasta qué punto el árbol quedó integrado en la vida religiosa del pueblo.
El de Lago acompaña a la iglesia de Santa María de esa aldea, construida en el siglo XVIII sobre otra anterior. Es el más alto de los tres: 16 metros, con 9 metros de diámetro de copa. Declarado Monumento Natural por el Decreto 76/1995, forma parte además del Paisaje Protegido de las Sierras de Carondio y Valledor, una tierra de túmulos, castros y antiguas explotaciones romanas de oro.

El tejo de Lago (Allande), Monumento Natural junto a la iglesia de Santa María. Foto: Wikimedia Commons / SITOMON (CC BY-SA 4.0)
Pastur y las demás parejas inseparables
En el occidente, el tejo de Pastur (Illano) vigila el santuario mariano de Nuestra Señora de Pastur. En 2008 medía 17,5 metros de altura y 20 de copa, con algo más de 4 metros de perímetro: los cálculos le dan entre trescientos y cuatrocientos años, aunque en la zona muchos lo tienen por milenario. Fue declarado Monumento Natural en 2003 y en enero de 2009 un temporal de viento lo partió por la mitad, lo que obligó a sanearlo y anclarlo para que sobreviviera. La estampa se repite en otros rincones, como Abamia (Cangas de Onís), donde un viejo tejo acompaña desde hace siglos a la iglesia de Santa Eulalia.

La iglesia de Santa Eulalia de Abamia (Cangas de Onís) con su viejo tejo, en una fotografía de 1985. Foto: Wikimedia Commons / LBM1948 (CC BY-SA 4.0)
Cómo visitarlos sin dañarlos
Los tejos monumentales están protegidos por ley: está prohibido herir su corteza, grabar inscripciones, clavar objetos o excavar cerca de sus raíces. La mejor visita es la tranquila: acercarse al pueblo, contemplar el conjunto de iglesia y tejo —que es como se ha mirado siempre— y marcharse sin dejar huella. Son árboles que ya estaban aquí siglos antes que nosotros; con un poco de cuidado, seguirán estándolo siglos después.
Fuentes: Wikipedia (Tejo de Bermiego, Tejo de Santa Coloma, Tejo de Lago, Tejo de Pastur, Taxus), Naturaleza de Asturias y Turismo Asturias (fichas de los Monumentos Naturales de Bermiego y Lago).
